El efecto torre de naipes

Por qué un mal día no elimina tus avances.

En este artículo quiero compartir una reflexión que quizá peque de sencilla, pero que es, precisamente por eso, tan útil e imprescindible a la hora de hacer cambios psicológicos.
Ya he comentado en otros artículos que hay momentos en nuestra vida en los que podemos entrar en picos de disforia: horas o días en los que sentimos un pesimismo atroz, un llanto imparable o una angustia muy difícil de regular (esta idea la desarrollo en el artículo: Cronocentrismo)
Es importante señalar que, en esos momentos, nuestros «circuitos» mentales quedan secuestrados por determinadas rutas neurológicas y cognitivas. Lo vemos todo negro, muy negro. Solo vemos el árbol de nuestra miseria y olvidamos el bosque entero: que los problemas evolucionan, que el malestar es transitorio o que hay cosas en nuestra vida que quizá no merecen despertar sentimientos tan intensos.
Esta percepción de falta de escapatoria es algo que describo en otro vídeo titulado Cronocentrismo.
Lo que llamo la «torre de naipes» está muy relacionado con esta idea. En el ámbito de las adicciones, existe un concepto relacionado que se conoce como efecto de violación de la abstinencia.
Es habitual que, cuando alguien está recuperándose de una depresión, de una adicción o de lo que comúnmente llamamos una mala racha, tenga de repente un mal día y, ¡zas!, reaparezcan esa desgana, ese malestar que creía olvidado, ese acompañante oscuro.
Y esto, hasta cierto punto, es normal. Si te estás recuperando de una gastroenteritis y comes picante una semana después, es posible que vuelvan a aparecer las molestias digestivas.
El problema no es solo la reaparición de ese acompañante, sino también todo el juicio que viene con ella: «Ya he fracasado», «No puedo avanzar», «Estoy condenado a volver a lo mismo».
Y es curioso, porque gran parte del sufrimiento que genera esta torre de naipes proviene de cómo interpretamos el bajón, no del bajón en sí mismo.
En buena medida, esto ocurre porque convertimos el hecho de sentirnos bien en una exigencia, casi en una prueba de nuestra «buena voluntad». Parece que, en cuanto volvemos a caer, reaparecen de golpe todas las rutas que nuestra mente conoce y sentimos que esas cuatro semanas de avances se han ido al garete.
Sin embargo, del mismo modo que nuestro sistema digestivo necesita tiempo para recuperarse de una gastroenteritis, nuestro funcionamiento psicológico también necesita tiempo para consolidar los cambios.
He visto esto miles de veces en consulta. Pasados unos días, el paciente suele contarme que ha conseguido salir de esa especie de resaca emocional y que, finalmente, no se ha quedado atrapado en ella para siempre.
A este respecto, es importante señalar que nuestro organismo y nuestro funcionamiento psicológico tienen cierta tendencia conservadora. ¿Qué quiero decir con esto? Que, ante la incertidumbre, podemos volver a experimentar patrones conocidos, como si nuestro sistema necesitara comprobar que somos capaces de recuperar nuestro equilibrio.
El problema no es sentirte mal un día, sino la tremendización que aparece cuando interpretas ese malestar como una señal de que nunca volverás a estar bien o de que tendrás que volver a experimentar esos sentimientos para siempre.
Los picos de malestar aparecerán las veces que tengan que aparecer. Por eso, normalizarlos, validarlos, no luchar contra ellos, no ir a contracorriente de nuestros propios pensamientos, no alimentar la obsesión, cuidarnos y dejar que la ola pase son tareas prácticamente imprescindibles.
Porque la recuperación del bienestar no surge de la exigencia ni de los cambios abruptos, sino de las idas y venidas. Cada vez que nos sentimos mal y conseguimos volver a nuestro centro, estamos aprendiendo algo nuevo, reforzando recursos y consolidando cambios.
Cada vez que atravesamos un bajón sin interpretarlo como una catástrofe, estamos poniendo un ladrillo más en la base de nuestra estabilidad psicológica.
Un mal día no destruye tus avances. Aprender a atravesarlo sin dar por perdido todo lo que has construido también forma parte de la recuperación.
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